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martes, noviembre 27, 2007

El cachondeo Blade Runner

Fue hace ya unos tres o cuatro años cuando la única versión en DVD comercializada en España (la Diresctor’s Cut de 1992) acabó descatalogándose y, además, se daba la circunstancia de que la versión clásica de 1982 ni siquiera había sido editada aquí en DVD. De modo que, ante la imposibilidad de hacerse con una copia original en formato digital, muchos fans de este film decidieron recurrir a los sistemas P2P puesto que, como circunstancia atenuante (o quizás incluso eximente), ni la SGAE ni la distribuidora en España sufría un perjuicio inmediato ni daño concreto ni evaluable en su actividad lucrativa*.

A mediados de 2007, la distribuidora anuncia la publicación de la edición definitiva de Blade Runner en varios packs y formatos. Luego se desdice y “amenaza” con que la única oportunidad segura de disponer del DVD en cuestión es reservando la Edición Coleccionistas (limitada a 12.000 unidades) ya que queda cancelado indefinidamente el lanzamiento de los formatos sencillos. Así que, o te gastas ahora 60 € en el maletín con los 5 DVD’s más las maquetas o igual te quedas a dos velas. ¡Ja!

Si Ridley Scott no tiene pensado estrenar la versión definitiva de Blade Runner en los cines de todo el mundo y tampoco van a comercializar un DVD en edición sencilla accesible al gran público ¿Cómo piensan amortizar los gastos invertidos en la realización y promoción de esta nueva edición definitiva? ¿De verdad pretenden hacernos creer que no van a sacar más unidades que esas ridículas 12.000? ¿O es que pretenden asegurarse de colocar primero los caprichosos maletines y una vez agotados estos sacar más unidades sin elementos de coleccionismo?


A simple vista parece una buena estrategia comercial, pero lo que puede acabar pasando es que se agoten esas 12.000 copias y, una vez más, ante la imposibilidad de hacerse con el DVD original, muchos optarán por descargársela mediante Peer To Peer, y cuando después acaben reeditándola ya habrá disminuido el interés en dicho artículo de un importante sector del público porque ya dispondrán de una copia gratis (observen que no digo pirata ni ilegal, pues dudo que en este caso merezcan tal consideración). Eso sí, para los puristas de la imagen y el sonido, esas copias gratis siempre serán de peor calidad y, además, tampoco podrán disfrutar de los numerosos extras que promete Warner Home Video.

* No sé si existe casuística en este sentido ni si en un supuesto como éste los órganos judiciales se bajarían también los pantalones ante la SGAE, pero me parece de sentido de la justicia que, si algo no está dentro del circuito comercial, el consumidor o usuario no obtiene ningún lucro evaluable económicamente pues no sabemos cuál sería el PVP de ese producto de estar en el mercado y, aun sabiéndolo, sería un dinero que (en las circunstancias concretas del caso) no podría gastar para adquirir ese producto concreto (no puedes lucrarte ahorrando algo que no puedes gastar). Y, por otro lado, el consumidor tampoco puede adivinar ni prever si Warner Home Video tiene pensado lanzarla al mercado en un futuro incierto; luego la causación de un perjuicio económico o lucro cesante (o como quieran llamarlo) no es cierta ni previsible en todo caso.

No pretendo hacer apología de la piratería, sólo estoy poniendo en tela de juicio el concepto mismo de descarga ilegal, y también pongo en duda la mencionada estrategia comercial.

martes, noviembre 06, 2007

¿Qué pasa con Blade Runner?

Pues pasa que sigue estando de actualidad 25 años después de su estreno, no sólo porque su director, Ridley Scott, haya presentado recientemente su “versión definitiva” (me está empezando a recordar al negocio George Lucas), sino principalmente porque es una película imperecedera que va más allá de toda época y tendencia.

Parte de la culpa de que esto sea así se lo debemos a la particular adaptación que realizó Scott de la novela de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (por cierto, en 1969, Martín Scorsese ya intentó filmar esta historia aunque, gracias a Dios, desistió). No estoy diciendo que Scott sea mejor director que Scorsese, nada más lejos de mi intención; simplemente digo que el resultado final hubiera sido completamente distinto y que sólo gracias al binomio K. Dick-Scott, “Blade Runner” se convirtió en uno de los más grandes esfuerzos metafísicos de la historia del cine.

“Blade Runner” trata sobre los temas que han venido atormentando al hombre desde el inicio de los tiempos: la memoria, la identidad, el tempus fugit y, sobre todo, la conciencia de la mortalidad, la conciencia humana de nuestra propia caducidad, el miedo a la muerte. Ése es el eterno sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, "la vida de la muerte" de Don Miguel de Unamuno. Precisamente uno de los aspectos más atractivos del film radica en la humanidad demasiado humana de los seres artificiales; esa paradoja fundamental que nos hace llegar a la conclusión de que «lo artificialmente producido –los replicantes Nexus 6– es precisamente nuestro vínculo más directo e irremediable con lo natural: la conciencia de la propia finitud» (Fernando Savater).
Ridley Scott, alejándose de la novela, consigue que el espectador simpatice con los replicantes, esos criminales carentes de identidad propia, dotados de falsos recuerdos, desprovistos de pasado y futuro ya que su fecha de caducidad es de tan solo 4 años. Pero no solo es el trasfondo dramático de la “existencia” del replicante lo que hace que nos sintamos claramente identificados con el modelo Nexus 6, además, la logradísima ambientación que impregna todo el metraje coadyuva a que ello sea así. Scott nos presenta un futuro opresivo, un 2019 muy próximo, caótico, en el que la ciudad de Los Ángeles es el reflejo de un inframundo cuyo sólo planteamiento como hipótesis resulta insoportable. Un futuro descrito así precisamente con la retorcida intención de destruir las utopías de nuestro presente. “Blade Runner” es una visión perversa del porvenir que, si bien no es nueva en el mundo de la literatura (“1984” de George Orwell, entre otros) sí es su manifestación más contundente vista hasta la fecha en celuloide (Alfonso Cuarón se marcó un tanto con su adaptación de la novela de P. D. James “Hijos de los hombres” volviendo a presentarnos otro futuro desalentador).

Los Ángeles caótica y nocturna, con su lluvia ácida, devastada por la superpoblación, su estética punk, las influencias orientales y las connotaciones filonazis de la Tyrell Corp. (el propio Tyrell parece un agente de la Gestapo, las proporciones ciclópeas de la pirámide Tyrell, la ropa de Rachael –bella e inquietante Sean Young–, etc), por no hablar de la estética cien por cien aria de Roy Batty (Rutger Hauer), el malvado replicante que salvará “in extremis” la vida de su verdugo. Todo esto enlaza en cierta medida con la génesis de la novela. Philip K. Dick dijo que «Hay algo en nosotros de humanoide, morfológicamente idéntico al ser humano, pero que no es humano. No es humano quejarse, como un miembro de las SS hace en su diario, de que los niños hambrientos en los campos de concentración Nazis no le dejen dormir. De ahí mi idea de que en nuestra especie hay una bifurcación, una dicotomía entre lo que es humano realmente y lo que sólo imita lo que es humano».

Antes de pasar a hablar del magnífico final de “Blade Runner”, simplemente quería apuntar algo obvio: la casi unanimidad por parte de crítica y público en situar la versión de 1982 muy por encima de la Director’s cut de 1992. principalmente por el final, puesto que es mucho más interesante un Rick Deckard (Harrison Ford) humano que huye con Rachael en la nave y en el que la voz en off del blade runner nos explica que la replicante no tiene fecha de caducidad asignada, dejando así una puerta abierta a la esperanza. Como dijo el filósofo Fernando Savater: «Finalmente sólo el amor se revela como capaz de un presente que no necesita pasado y se desentiende del futuro, fragilidad sin excusa y por ello mismo invulnerable» (observarán que Savater reincide y se le atragantan un poco las paradojas). Pues bien, el hecho de que esta escena final desaparezca del montaje del director y que además se insinúe si quiera la posibilidad de que Deckard sea también un replicante me parece de una torpeza y de una obscenidad sencillamente imperdonable.

El otro aspecto fundamental que se pierde en el montaje del director es la mencionada voz en off de Deckard, esa voz que nos pone en antecedentes al comienzo del film, que nos deja entrever el trasfondo metafísico del agente Deckard y, sobre todo, esa voz en off que tras la mítica escena de Roy Batty con la paloma blanca en la mano y el famoso monólogo de «Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir», Rick Deckard reflexiona diciendo dentro de su cabeza «No sé por qué me salvó la vida. Quizás en esos momentos amaba la vida más de lo que la había amado nunca. No sólo su propia vida, sino la de todos. Mi vida. Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos: ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy? ¿Cuánto tiempo me queda?». Por muy mal que Harrison Ford leyera estos párrafos, creo que Ridley Scott debería haber mantenido la voz en off sin dudarlo un solo instante (es probable que Scott estuviera ciego de absenta cuando se le ocurrió editar la patética Director’s cut).

Ya para acabar, no deja de ser anecdótico el hecho de que “Blade Runner” recibiera durísimas críticas en su día por parte de cinéfilos y frikis, ya que es innegable que la obra maestra de Ridley Scott es hoy un film de culto, referente inevitable en el género dela ciencia-ficción y, seguramente, la película que más tempranamente recibió el calificativo de «todo un clásico». Y yo me pregunto, ¿cuántas películas que recientemente hayan sido vapuleadas por la crítica o despreciadas por el público se convertirán en clásicos con el paso de los años?


“Oír llover no más, sentirme vivo:
el universo convertido en bruma
y encima mi conciencia como espuma
en que el pausado gotear recibo.

Muerto en mí todo lo que sea activo,
mientras toda visión la lluvia esfuma,
y allá abajo la sima en que se suma
de la clepsidra el agua; y el archivo.

De mi memoria, de recuerdos mudo;
el ánimo saciado en puro inerte;
sin lanza, y por lo tanto sin escudo,

a merced de los vientos de la suerte:
este vivir, que es el vivir desnudo,
¿no es acaso la vida de la muerte?”

Miguel de Unamuno