jueves, septiembre 20, 2007

«La Carretera» de Cormac McCarthy

«En esta carretera no hay interlocutores de Dios. Se han ido y me han dejado aquí solo y se han llevado consigo el mundo».


Una extensa tierra baldía, árboles muertos, ceniza en el aire, frío, niebla... y la carretera que conduce a un padre y a su hijo hacia el sur. Huyen del frío, de la desolación, de las hordas de caníbales. Un padre y un hijo en busca de la esperanza, del pasado y del futuro. Cormac McCarthy no necesita contar una historia original para que de su pluma salga una novela excepcional. Su prosa está dotada de ritmo, posee cierta musicalidad, como el canto de las sirenas que hipnotizan al marinero griego. Ahí está la grandeza de «La Carretera»; en la renuncia a los convencionalismos narrativos, en la carga simbólica de ciertos pasajes (o quizá del relato en su conjunto) y en la extraordinaria capacidad de emocionar con unas simples palabras.

Premio Pultizer 2007, best seller del año según el New York Times, 190.000 ejemplares vendidos en sólo seis meses, agotado de las librerías españolas el día de su puesta a la venta... Parece mentira que estemos hablando de un libro y no de la Wii o el i-Phone. Pues, joder, que me picó la curiosidad y me lo quise leer antes de que pase “la moda”. Pero no os preocupéis si creéis llegar tarde porque «La Carretera» nunca será un old fashioned book (qué asco me doy cuando utilizo estos ridículos anglicismos).

Paisajes post-apocalípticos los hay para todos los gustos en el mundo de la literatura. El maestro del horror, Stephen King, ha insistido en ello hasta la saciedad («Apocalipsis», «La tormenta del siglo», «La Torre Oscura»...); Saramago («Ensayo sobre la ceguera») y Paul Auster («El país de las últimas cosas» –de hecho, el carrito de supermercado que arrastran en «La Carretera» evoca inevitablemente a la citada obra de Auster) aportaron su particular modo de ver y de contar las miserias de un mundo en estado de putrefacción. Y también me parecieron realmente apocalípticas las escasas páginas que fui capaz de soportar de «La lluvia amarilla» de Julio Llamazares. Pero a McCarthy le han colgado la etiqueta de autor de culto y el buen hombre lo sabe llevar hasta sus últimas consecuencias, aturdiendo al lector con ese contraste (abismal contraste) que existe entre los dos personajes del libro. El padre y el hijo. La belleza, la inocencia, la bondad y, en definitiva, la esperanza se ven reflejados con deslumbrante claridad en el chico. Y la supervivencia en ese mundo post-apocalíptico es dura y puede ser capaz de consumir al chaval...

«La Carretera», ¿un mundo muerto o un nuevo mundo? Yo creo que hay esperanza.

3 comentarios:

Enrique dijo...

Hay mucho que leer... Día prolífico, maño.

Lord Derfel Cadarn dijo...

He colgado parte de mi comentario en la web de fnac.es que la he visto un poco escasa. Ahora a ver si pasa los correspondientes filtros y la cuelgan.

Raúl Urbina dijo...

Hace poco menos de diez minutos que he pasado la última página del libro. Me he sentido con la gran suerte de haber podido contemplar la vida y la muerte en clave de supervivencia. El padre y el hijo son dos auténticos robinsones de nuestra era o de nuestro futuro. Y el final, claro está, no podía ser el de las novelas de la Ilustración.