jueves, marzo 01, 2007

'El país de las últimas cosas'

Leyendo ‘El país de las últimas cosas’ (Paul Auster, 1987), uno no puede evitar acordarse de la obra de José Saramago; y es que, más allá de la distancia que existe entre un escritor y otro, y de las diferencias de estilo, a ambos les gusta coquetear con la metafísica. Y como anécdota, no deja de ser una curiosa coincidencia que el norteamericano naciera en 1947, justo el mismo año en el que Saramago escribió su primera novela ‘Tierra de pecado’.
Básicamente, este relato (narrado en forma de carta), nos cuenta las vivencias de Anna Blume en ese extraño lugar denominado El país de las últimas cosas. La pobre chica se ha metido en el mismísimo infierno para intentar dar con el paradero de su hermano William, reportero de guerra enviado a esa ciudad sin nombre. Auster, como Saramago, es un fabulador posmoderno; y en su novela incide principalmente en dos temas: las miserias de la metrópolis y los conflictos entre el individuo y la sociedad, un individuo desorientado, sin rumbo. Ya en las primeras páginas, el autor nos avisa:


“Cuando vives en la ciudad aprendes a no dar nada por sentado. Cierras los ojos un momento, o te das la vuelta para mirar otra cosa y aquella que tenías delante desaparece de repente. Nada perdura, ya ves, ni siquiera los pensamientos en tu interior. Y no vale la pena perder el tiempo buscándolos; una vez que una cosa desaparece, ha llegado a su fin (…) Esto es lo que la ciudad le hace a uno, le vuelve los pensamientos del revés. Le infunde ganas de vivir y, al mismo tiempo, intenta quitarle la vida. No hay salida, lo logras o no lo logras; si lo haces no puedes estar seguro de conseguirlo la próxima vez; si no lo haces, no habrá próxima vez”.

Un país (una ciudad) en el que la escasez de alimentos provoca una epidemia de anorexia; en el que el suicidio está a la orden del día, ya sea ingresando en la secta de “los corredores”, en la que sólo son admitidas aquellas personas que tengan unas condiciones físicas y mentales óptimas para correr hasta provocarse un infarto. O bien a través del método de “el último salto” (ya saben, subirse al edificio más alto y saltar al vacío). O ingresar en una Clínica de Eutanasia en las que, si te lo puedes permitir, te procurarán una muerte lenta y, paradójicamente, placentera. O solicitar los servicios de un “Club de asesinato”… Tranquilos, todo esto que os cuento no os destripa la trama del libro (si es que realmente la tiene, pues en este tipo de obras, la trama suele ser lo de menos).
Por el camino, nuestra heroína se encuentra con diversos personajes: Isabel, una amable señora que parece ser la única que continúa rezándole a Dios; Samuel Farr (otro periodista, como William, enviado a El país de las últimas cosas); Victoria y, finalmente, mi favorito de todos: Boris Stepanovich, con el que Auster parece querer mostrarnos el papel que juega la mentira en la vida cotidiana.
En definitiva, el autor nos describe una civilización agonizante, un lugar en el que se hallan los confines de un mundo que parece estar maldito.


Curiosidades relacionadas con este librito: en primer lugar; he leído por internet que Búnbury se inspiró en él para escribir alguna de las estrofas de ‘Lady Blue’ (¿cuánto hay de Anna Blume en esa Lady Blue?). Y en segundo lugar; parece que durante el 2007 piensan rodar una película basada en esta novela. Su director será un argentino llamado Alejandro Chomski, y Eva Green sería quien interpretara el papel de Anna Blume. Miedo me da que lleven a la gran pantalla una historia como ésta, pues es el típico relato que no ha sido concebido para ser rodado. Espero que no me lo conviertan en otra vuelta de tuerca al género de las películas futuristas ni nada parecido…

1 comentario:

Alec Luis dijo...

Hola. la semana pasada terminé de leer precisamente un libro de Auster, se trata de El palacio de la Luna. Realmente me cautivó desde la primera página hasta la última. Es una especie de homenaje que el autor le hace a toda la literatura, desde ya me encanta este autor, como uno de mis favoritos. Saludos a Lord Derfel Cadarn y los seguidores de este magnífico blog.

Los invito cordialmente a mi blog:
http://viajero-del-reino-digital.blogspot.com