jueves, junio 28, 2007

¡¡Con la Iglesia hemos topado!!

Durante muchos, muuuuchos años, por tradición, por arraigo, o incluso por necesidades de índole económica, la Iglesia Católica ha ostentado el privilegio de monopolizar la educación y la formación ética de los/las españoles/as. Por esto mismo no es de extrañar semejante revuelo que se ha montado con la cuestión de la nueva asignatura llamada «Educación para la ciudadanía». “¡Se les acabó el chollo!”, pensarán algunos; pero ¿qué chollo? ¿acaso lo han sabido aprovechar? Y es que, a pesar de que la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país han sido educados de acuerdo con la ética y los valores cristianos, hoy día estamos viviendo unos tiempos en el que la fe padece una grave crisis (casi agoniza, diría yo). A pesar de que muchos aprendimos en colegios de curas/monjas o, simplemente, nos dieron clase de religión durante nuestra etapa en la enseñanza obligatoria, una inmensa mayoría se declara católica “no practicante” (es decir, de los que ni siquiera los domingos van a misa) y otros cuantos osados se confiesan agnósticos (estos son los que yo llamo “agnósticos conversos”) o, peor aún, ateos. Entonces ¿de qué le ha servido a la Iglesia tantos años de monopolio en la educación? ¡Ah! Y ni que decir tiene que incluso dentro de la cada vez menos rara especie de repeinados ultracatólicos adoradores del iluminado de Barbastro también los hay quienes no llegan vírgenes al matrimonio, embarazan furtivamente a jóvenes estudiantes o, en el mejor de los casos, practican el onanismo diario en la más absoluta clandestinidad (y luego ni cilicio ni leches).

Todo esto es parte del poso que ha dejado la educación Católica en nuestro país. Por supuesto, también hay gente honrada que cree y es consecuente con su credo: va a misa con frecuencia, se confiesa cada x días, comulga después, y por las noches no yace en pecado ni practica el fornicio por el placer (es decir, que todo lo hace a pelo y con su señora esposa, para la generación de la prole). Y el problema se hace patente desde el momento en el que si a los niños les dejas elegir si quieren recibir educación religiosa o no, se produce un notable incremento entre los que eligen el no, pero así funciona el libre albedrío, señores.

Volviendo al tema de la mencionada asignatura... lo primero que debo decir es que ¡Ya era hora! Es algo que me llamó muchísimo la atención durante mi primer año en la Facultad de Derecho. «Pero, ¿cómo no nos enseñaron esto en el colegio?», me preguntaba una y otra vez. Que conste que yo no era el único rarito al que le llamaba la atención semejante situación, y que “la socialización política en España” es algo que ha preocupado a docentes, politólogos y constitucionalistas desde hace décadas. Pues por fin llega una asignatura que viene a cubrir ese vacío, ese déficit que hemos venido arrastrando en la formación de las anteriores generaciones. Una asignatura que enseñará a los alumnos los valores del racionalismo ilustrado, que enseñará cuáles son las reglas del juego en un país democrático, que enseñará a los niños a respetarse como iguales, sin discriminación alguna por razón de sexo, raza o religión, que les enseñará también qué es un acto ilícito, distinguir el bien del mal desde el punto de vista “aconfesional” (es decir, que si haces tal cosa que esté prohibida, aunque no contravengas ninguno de los 10 mandamientos, que sepas que estará castigada con su correspondiente sanción), etc. etc.

Pero... con la Iglesia hemos topado, señores. La Iglesia nos ha venido diciendo todos estos años qué es el bien y qué es el mal, quién es pecador y quién es pío, imponiendo su dogma frente a la ciencia y a la razón. Y en estos momentos tan delicados no se piensa quedar callada. Y llaman a sus fieles a la objeción de conciencia o, más bien, a la desobediencia civil. Aclarar en este aspecto que la objeción de conciencia se mueve dentro del ámbito individual, ético o de conciencia de cada sujeto, mientras que la desobediencia civil se trata más bien de un movimiento o reacción política y colectiva. Aunque, muchas veces no está clara la línea divisoria entre ambos momentos.

Bueno, pero incluso aceptando que estemos ante un verdadero supuesto de objeción de conciencia, también habría que aclarar que éste no es un derecho fundamental reconocido de manera general (de lo contrario, todos podríamos objetar el cumplimiento de cualquier norma en cualquier situación, y eso supondría la negación misma de la idea de Estado), si no que son la casuística y la jurisprudencia las que nos aportarán la solución para cada caso. En definitiva, los Jueces y Tribunales serán quienes lleven a cabo una ponderación de los bienes jurídicos en conflicto: ¿qué es más importante? ¿la conciencia individual o el interés social/orden público? Pues eso depende del caso. Imagínense ustedes que una joven numeraria estudiante de 5° curso de Derecho alegase objeción de conciencia a la asignatura «Derecho Civil IV: Derecho de Familia y Sucesiones», porque esta asignatura enseña lo que el Código Civil, es decir, la Ley (y no la Iglesia Católica) regula y entiende por familia, matrimonio, divorcio, derechos y deberes de los cónyuges... de manera que choca con sus creencias religiosas (y lo mismo vale si el sujeto es un ceutí islámico o un adventista del séptimo día que alegue “conflicto” entre esa enseñanza y su conciencia individual). ¿Pero quién le impide a estas personas que después continúen fieles a sus valores y creencias? ¿Quién les impide a los niños que, después de aprender los valores democráticos y la ética laica (entiéndase laica por no confesional) en «Educación para la ciudadanía», acudan a su correspondiente clase de religión o, incluso, catequesis? Como ya hiciera en otros casos similares, el Tribunal Constitucional dirá que el derecho a la libertad religiosa es de carácter positivo, y que nuestra Constitución veda las limitaciones a dicha libertad ideológica, religiosa y de culto, fin que indudablemente no se logra cercenando o eliminando áreas de cultura o de la ciencia, sino posibilitando y ampliando su conocimiento.

Para colmo, ayer mismo, el Secretario de Estado de Educación aclaró que los colegios con ideario propio (es decir: todos, pero el mensaje iba especialmente destinado a los colegios católicos) podrán adaptar el contenido de la asignatura al ideario del centro. Además añadió, por si alguno tenía alguna duda, que en esa asignatura no se iban a tratar temas como la eutanasia o el aborto, pues hablar de esos asuntos tan específicos no es en absoluto necesario para dar a los escolares unas nociones básicas y elementales de “educación para la ciudadanía”. Y es que… claro, muchos comenzaron a criticar la asignatura sin siquiera conocer los contenidos de la misma, simplemente para ahuyentar a los fantasmas del laicismo.

En fin, quizás me equivoque, pero si el TC es coherente con la doctrina marcada por sus decisiones previas, desestimará (probablemente mediante simple Auto, motivado, por supuesto) la posibilidad de alegar objeción de conciencia a la asignatura de «Educación para la ciudadanía». O quizás me equivoque al pensar que no se vulnera la libertad religiosa del individuo al enseñarle cuáles son lo valores comunes en nuestra sociedad, si después tiene la oportunidad de “elevar ese mínimo de ética y decencia”, acudiendo a la correspondiente educación religiosa. Pero quien seguro se equivoca es aquel dogma que pretende imponer de manera absoluta y definitiva qué es lo recto y qué no lo es. También se equivoca la Conferencia Episcopal si piensa que los miles de “agnósticos conversos” vemos este conflicto como algo anecdótico y alejado de nuestra realidad. Porque la Iglesia Católica vaya a perder ese monopolio en la educación, la sociedad civil no tiene por qué cambiar el rumbo de los acontecimientos ni modificar los tempos del progreso. De seguir por ese camino, me temo que la Iglesia acabará aislándose y encerrándose en si misma, se alejará cada vez más de sus (potenciales) fieles y, en definitiva, se distanciará de la verdad, la lógica y el razonamiento.

PD: Todo esto viene porque hoy he soñado con una monja que me susurraba al oído «Nuptiae sunt coniunctio maris et feminae, consortium omnis vitae, divini et humani iuris communicatio», y lo he interpretado como una señal freudiana de que debía escribir este post.

7 comentarios:

orci dijo...

A ver si se hunde de una vez. parece mentira como a pesar de la pérdida de "fieles" en masa no se renueva, no propone nuevos ideales y nuevos valores y continúa amarrándose a cuatro ideas obsoletas y a unos textos modificados a voluntad para alzarse con el poder a lo largo de los siglos.

Ya va siendo hora de que la iglesia pierda su poder.

arriba la nueva asignatura!

Orci dijo...

Me encanta la parte de la monja e imagino como te susurra con lascivia a la vez que cita pudorosamente a Modestino. bravo! jajaja! grandiosa paradoja!

Anónimo dijo...

Eso es, yo prefiero que sigan así, cuanto más medievales y brutos mejor. Lo peor que nos puede pasar es que la iglesia se modernice, ¿os imaginais un mundo en el que meterse a monja sea guay? yo no, y no quiero eso para mis hijos, quiero un mundo laico y libre, la religión es sólo una cosa del pasado que ya no sirve para más que para castrar mentes.

Lord Derfel Cadarn dijo...

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/corto/salto/etica/ciudadania/elpepusoc/20070929elpepisoc_5/Tes

Sé que la info de un diario como El País siempre estará sesgada, pero en este caso lo que hacen es comparar el texto legal aprobado por el PP en el año 2000 por el que se implantaban los mínimos de la asignatura llamada "ética" con los de la actual "EplC", y resulta curioso ver como el propósito de la construcción de una conciencia moral y cívica acorde con las sociedades democráticas, plurales, complejas y cambiantes en las que vivimos no molestaba ni asustaba a la España católica de hace 7 años, y sin embargo a día de hoy supone un atentado intolerable contra la libertad religiosa. De verdad, me parece algo realmente curioso.

Los documentos PDF del BOE están a la derecha, para ver y comparar ambas leyes (y el BOE no miente ni puede ser más o menos subjetivo...)

Anónimo dijo...

A mí los curas y los obispos me ponen muy cachonda. Soy una perraka gorda.

Anónimo dijo...

A mí los curas y los obispos me ponen muy cachonda. Soy una perraka gorda.

Anónimo dijo...

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